Por qué no le apetece, a él
Cuando un hombre siente poco deseo, no solo se enfrenta a una posible dificultad, sino también a un fuerte estigma.
Muchos hombres viven esta situación en silencio. Reconocer que el deseo ha disminuido, o que es claramente menor que el que sienten sus parejas, puede resultar incómodo, o incluso amenazante para su propia identidad. No es extraño que, en lugar de hablarlo abiertamente, algunos intenten esquivar los momentos de intimidad: quedarse más tiempo en el trabajo, llenar la agenda de planes o alargar las noches frente al televisor pueden convertirse, sin darse cuenta, en formas de evitar una situación que genera presión o incomodidad.
En un principio, suele atribuirse a la falta de ganas a factores temporales como el estrés, el cansancio o las preocupaciones del día a día. Y a veces esas explicaciones son reales. Sin embargo, cuando el tiempo pasa y la situación se mantiene, suelen aparecer dudas en la relación. Algunas parejas pueden empezar a preguntarse si siguen siendo deseadas, si algo ha cambiado en los sentimientos o incluso si existe otra persona.
Hablar de todo esto no siempre es fácil. Pero reconocer que el deseo también fluctúa en los hombres (y no define su valor ni la masculinidad) es el primer paso para entender lo que está pasando y afrontarlo de una forma tranquila y honesta.
¿Qué se puede hacer?
En caso de que la libido haya cambiado, lo primero es descartar factores orgánicos que puedan estar incidiendo en su erótica (diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares, problemas en la próstata, abuso de alcohol u otras sustancias, efectos secundarios de medicamentos, etc.).
Si físicamente no hay causas a las que se pueda atribuir, trabajamos en el plano psico-sexual, donde puede haber varios elementos que estén dificultando la vivencia del deseo.
Empezamos por desechar el mito de la hiper disponibilidad masculina (los hombres no están, ni tienen por qué estar, siempre buscando el encuentro). Buscamos que se sientan libres de rechazar mantener relaciones, sin culpa. Para ello, es importante diferenciar deseo, excitación y amor. Es decir, que el deseo puede ser causa de la excitación, o no serlo; así como la excitación puede ser causa de deseo, o no serlo. Pero ni el deseo ni la excitación son las señales de que quieres y te gusta tu pareja. Para expresar las emociones, hay otras formas.
¿Cuáles son las causas más frecuentes del «bajo» deseo en ellos?
Una educación sexual restrictiva o las experiencias negativas son la base sobre la que se cimentan muchas dificultades sexuales. Conviene, cuando es el caso, dedicar un tiempo a re-educar sexualmente al hombre (o a los dos miembros de la pareja), para que pueda tomar una actitud más positiva hacia la sexualidad y la erótica.
La falta de deseo a veces es solo la punta del iceberg, estando relacionada con otra dificultad sexual, como pueden ser los problemas de eyaculación o de erección. El miedo a que el problema inicial aparezca en los encuentros íntimos lleva al hombre a evitarlos; de forma que elude también la frustración y la ira que puede acarrear la aparición de esa dificultad primaria.
En cuanto al estrés, se sabe que si se sufre de forma prolongada puede provocar una disminución de testosterona y un aumento del cortisol; lo que se traduce en una disminución del apetito sexual. En muchos casos, el estrés es consecuencia de una gestión inadecuada del tiempo dedicado al trabajo, el ocio y la familia; así como de no saber relajarse ni desconectar de las preocupaciones.
Por último, puede haber causas que tienen que ver con la relación. Por ejemplo, si se siente poco valorado por su pareja, la relación es muy conflictiva o percibe que no le entiende, puede que acabe perdiendo el interés en acercarse.
¿Cómo puede solucionarse?
Ante la falta de deseo, y en gran parte de las dificultades sexuales, es importante hacer equipo. Apoyarse y comprender la situación. Los problemas de pareja son cosa de dos. Y aunque uno sea al que menos le apetece hacer el amor, la situación afecta a ambos y por tanto de los dos depende que se pueda dar un cambio positivo al respecto. Por eso es importante hablar de forma sincera, dejando a un lado los reproches para conocer qué es lo que está en la base de la falta de apetito sexual.
Sabemos que esto no siempre es suficiente. En ese caso es conveniente buscar ayuda profesional sexológica, como la que ofrecemos en Borobil.
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