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¿Te enfrentas a los encuentros como si fueras a un examen?

Nos referimos a cuando la persona se evalúa constantemente (“¿lo estaré haciendo bien?”), se compara con ideales irreales (pornografía, experiencias pasadas, expectativas ajenas); siente que debe cumplir un “rol” (durar cierto tiempo, provocar orgasmos, no fallar nunca) y/o asocia el rendimiento sexual con su valor personal. Si te pasa, puede que estés cayendo en una alta autoexigencia sexual.


Las consecuencias principales suelen tener que ver con el rendimiento debido a la ansiedad de ejecución. La autoexigencia activa el miedo a fallar, lo que genera ansiedad. Aumentando el cortisol y la adrenalina, e interfiriendo en la respuesta sexual.

Resultado frecuente:

    Otra de las consecuencias de la excesiva exigencia es que la mente está en “modo evaluación” y pierde la atención en las sensaciones corporales. De este modo, el encuentro se vuelve una tarea, no una experiencia. Lo que da lugar a un menor disfrute y a la sensación de “estar presente pero no sentir”. Los encuentros suelen volverse mecánicos e insatisfactorios.

    Un episodio puntual de dificultad sexual junto a la autoexigencia, puede generar una autocrítica muy intensa (“algo está mal conmigo”) y una preocupación rumiante y excesiva que promueve que la persona llegue al siguiente encuentro con más ansiedad, haciendo más probable la «profecía autocumplida» en la que la dificultad se repite. Se crea un círculo vicioso que se mantiene incluso cuando no hay un problema físico.

    Con todo, la persona puede evitar la intimidad por miedo a no «cumplir». Aparecen sentimientos como la vergüenza y la culpa. Puede disminuir la comunicación con la pareja, lo que fomenta el distanciamiento emocional y una menor espontaneidad e intimidad.

    ¿Por qué la autoexigencia afecta tanto a la erótica? Porque el deseo y la excitación no funcionan bien bajo control consciente. El cuerpo necesita relajación, seguridad, no vigilancia constante ni juicio.

    ¿Cómo evitarlo?

    • Cambiar el foco del “rendir” al sentir. Aceptar que la respuesta sexual varía (no es una máquina).
    • Practicar atención plena a las sensaciones.
    • Comunicación abierta con la pareja.
    • Trabajar creencias rígidas sobre el “buen desempeño”.

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