Cuando la planificación también enciende el deseo
¿Tener encuentros entre semana? Puede parecer imposible, pero no lo es, siempre que no lo dejemos a la improvisación. Porque, por mucha voluntad o ganas que hayamos tenido a lo largo del día, llegado el momento, por la noche y con el cansancio, sólo surge el sueño.
¿Te animas a poner en la agenda ese tiempo para ambos?
Dicen que las estadísticas que cada vez tenemos menos relaciones sexuales. Nuestro tiempo es un bien preciado y queremos llegar a todo. Para conseguirlo, priorizar y organizar es fundamental. ¿Y por qué no hacerlo también en lo relativo a la intimidad?
Aquí van algunas de las ventajas de planificar el encuentro:
Reduce el estrés y la presión:
Cuando no se deja todo a la improvisación, se evita la frustración de “esperar a ver si pasa”. Ambos saben que habrá un espacio dedicado a la intimidad.
Aumenta la anticipación y el deseo:
Saber que habrá un momento íntimo puede generar fantasía, coqueteo previo y excitación durante el día, lo que muchas veces mejora la experiencia.
Favorece la igualdad en la iniciativa:
Evita que siempre sea una sola persona quien proponga o cargue con el “rechazo”, haciendo el deseo más compartido.
Mejora la comunicación:
Planificar suele implicar hablar de deseos, tiempos, límites y expectativas. Esto fortalece la confianza y la conexión emocional.
Ayuda a priorizar la relación:
En medio del trabajo, hijos, cansancio o rutinas, agendar el encuentro es una forma clara de decir: nuestra intimidad importa.
Permite cuidar mejor el contexto
Se puede preparar el ambiente, asegurarse de tener tiempo, privacidad y energía, lo que suele llevar a encuentros más satisfactorios.
Es especialmente útil en etapas difíciles
Embarazo, crianza, estrés laboral, problemas de deseo o diferencias en el ritmo sexual pueden manejarse mejor con planificación.
Es importante aclarar que planificar no significa que sea rígido u obligatorio. Siempre debe haber espacio para decir “hoy no” y también para la espontaneidad cuando surja. Esto se consigue teniendo claro el para qué: lo planteamos como una forma de conectar, relajarse o sentirse más cerca, no solo como “tener sexo”. Eso cambia mucho la vivencia. De esta forma, lo que hacemos es acordar un marco flexible. Por ejemplo: “Reservamos este espacio para intimidad, caricias o encuentro, y vemos qué apetece en el momento”. Así no todo tiene que acabar en sexo.
También es importante cuidar el tono. Evita que suene a agenda médica. Puede ser algo como: “¿Te gustaría que tengamos nuestro momento esta semana?”, o “¿Qué día te vendría mejor para estar tranquilos juntos?”
Este acuerdo de anticipación debe revisarse tras un tiempo para testear cómo se sienten ambos. Saber si nos está ayudando o nos genera presión, y qué podríamos cambiar.
Es necesario que esté ajustado a la etapa vital. No es lo mismo planificar con hijos pequeños, con turnos laborales exigentes o en un momento de bajo deseo. La frecuencia y la forma deben adaptarse, sin comparaciones.
Y, por supuesto, planificar es compatible con mantener espacio para lo espontáneo. La planificación no sustituye la espontaneidad: la sostiene cuando esta escasea… y muchas veces la despierta.